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Será cierto todo lo que se dice del SF6?

Gas SF6 encapsulado en Celdas Ormazabal

Desde que a principios de los años 70 se empezase a utilizar gas hexafluoruro de azufre (SF6) en aplicaciones eléctricas de  Muy Alta Tensión, su uso se ha ido extendiendo progresivamente a todos los niveles de tensión del transporte y la distribución de electricidad y se ha generalizado su instalación en todos los rincones del mundo; se estima que, por término medio, alrededor del

80% de los equipos de MT y AT actualmente fabricados contienen SF6.

 

El motivo de tan clamoroso éxito es muy fácilmente entendible: se trata de una solución (tanto para el aislamiento como para la extinción del arco en el corte de la corriente eléctrica) que es técnicamente excelente, económicamente competitiva, industrialmente asequible y medioambientalmente sostenible si se trata con la debida conciencia ecológica al final de la vida de los productos.

 

Muchos han sido los detractores que se han encargado de difamar a un gas industrial (aunque de fácil síntesis) que aúna las mejores características dieléctricas conocidas.

 

“Destruye la capa de ozono”, “contiene sustancias cancerígenas”, “genera subproductos de extrema toxicidad”… Son algunas de las mentiras que el SF6 ha soportado durante años en su continuo y exponencial despliegue en el mercado; y eso ha podido producirse solo porque todas esas mentiras no son verdad.

 

El hexafluoruro de azufre es un gas inerte, incoloro, inodoro y neutro, no inflamable y 5 veces más pesado que el aire, no tóxico y sin potencial ecotóxico. No destruye el ozono; de hecho, no esta considerado en el Protocolo de Montreal. El SF6 puro es fisiológicamente inocuo para personas y animales; se utiliza incluso para diagnósticos médicos. Debido a su peso, podría desplazar el oxigeno en el aire si se concentraran grandes cantidades en lugares profundos y poco ventilados. Ninguna legislación química en el mundo ha clasificado al SF6 como un material de riesgo.

 

Sus sobresalientes propiedades eléctricas, físicas y químicas, le permiten ofrecer beneficios significativos para la red de suministro eléctrico: aísla 2,5 veces más que el aire seco, tiene una capacidad de extinción de arco más de 100 veces mayor que éste y disipa el calor sensiblemente mejor que el aire. Tal combinación de propiedades eléctricas, físicas, químicas y térmicas extraordinarias, hacen de SF6 un material único e indispensable en equipos de aislamiento y corte para MT y AT para lo cual no hay un sustituto con un funcionamiento equivalente.

 

Los subproductos generados ante la alta concentración de energía producida por el arco eléctrico a extinguir se recombinan inmediatamente en cuanto se extingue la fuente de energía, estabilizando nuevamente la molécula de SF6.

 

Todos los estudios de evaluación del ciclo de vida (LCA) han demostrado que el uso de tecnología SF6 en los equipos de aparamenta de distribución eléctrica tiene un impacto total sobre el medio ambiente menor las instalaciones con aislamiento en aire.

 

Solo uno de los argumentos de los grandes detractores críticos del SF6 es cierto: es un potente  gas de efecto invernadero. Tiene un  alto índice de calentamiento global (GWP - Global Warming Potential) de 22.000; eso quiere decir que el vertido a la atmosfera de un kilogramo de SF6 equivale a la emisión de 22 toneladas de dióxido de carbono. Su uso irresponsable en aplicaciones abiertas puede contribuir al efecto invernadero provocado por el hombre.

 

Pero en aparamenta eléctrica, el gas SF6 siempre se utiliza en compartimentos sellados, minimizando enormemente el riesgo de fugas durante toda su vida útil. Esto hace que el impacto real sobre el efecto invernadero sea insignificante. Se acepta internacionalmente que la contribución total al calentamiento global del SF6 que se utiliza en equipos eléctricos es del orden de las diezmilésimas, es decir, absolutamente despreciable.

 

El SF6, como cualquier gas industrial producido por el hombre, no debería estar pensado para ser utilizado en aplicaciones abiertas. De hecho, en Europa y Japón ya no se permite su uso para el calzado deportivo (tipo Nike Air), el llenado de neumáticos de auto en invierno o la fundición de magnesio en lecho gaseoso entre otras. Todas estas aplicaciones abiertas fueron empleadas en los años 80 y 90; y lamentablemente lo siguen siendo en algunos lugar

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